La ciudad inexistente es un proyecto de investigación especulativa que explora el espacio urbano a través de una aproximación transdiciplinar. En la intersección entre la cartografía crítica, la grabación de campo y la performance, propone una mirada sensitiva sobre la ciudad, lejos de sus representaciones oficiales. Frente a una tradición modernista que privilegia la visión como forma de control y conocimiento, este proyecto reivindica particularmente el sonido como territorio –fluido, afectivo, inestable– para pensar y habitar lo urbano desde sus márgenes. La arquitectura separa y el sonido conecta: atraviesa muros, activa memorias, une cuerpos, revela tensiones latentes. Inspirado en la noción de “lo tercero” –lo relacional, lo intersticial, lo emergente– La ciudad inexistente se adentra en espacios residuales, temporalidades enmarañadas y paisajes ocultos, donde la ciudad desborda sus propias narrativas. La ciudad inexistente es un proyecto impulsado por Pablo Elinbaum.



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MEMORIA TRANSITIVA






Memoria Transitiva


10 de julio de 2024, Espacio Panorama, Buenos Aires. 


El proyecto Memoria Transitiva explora la performance artística como fenómeno inasible, siempre inmerso en lo que Christopher Cox denomina flujo sonoro: “un flujo primordial del que surgen todas las señales y signos, y al que inevitablemente se dirigen”. En esta concepción, la improvisación con sonido no es un acto que comienza y termina, sino un ingreso fugaz a una corriente incesante, como quien entra en un río para luego salir, sabiendo que la corriente sigue su curso. ¿Dónde comienza y dónde termina un sonido? Antes de improvisar, el flujo ya está; cuando la improvisación cesa, el sonido persiste. Lo que se busca aquí es esa continuidad, esa transparencia del medio aural, esa imposibilidad de fijar fronteras más allá de lo que la memoria puede retener. En este sentido, la memoria no estática, sino transitiva, se desplaza entre momentos, recomponiendo el tiempo desde la escucha.

El procedimiento parte de un relevamiento minucioso de materiales –fotografías, dibujos, mapas, videos, pero sobre todo registros sonoros– mediante la técnica del paseo sonoro y la grabación de campo. Más que una recolección documental, se trata de una arqueología perceptiva que hace emerger distintas capas temporales, autobiografías que se superponen y resuenan en un mismo plano, en un mismo audio. En este proceso, el espacio urbano se presenta no como un mero fondo, sino como una materia sonora en sí misma, un entramado de voces, ritmos y resonancias que configuran su propia cartografía aural. La grabación sonora permite un extrañamiento del tiempo y el espacio: fragmentos distantes se tornan simultáneos, presencias desfasadas coexisten en la escucha. En la performance, estas múltiples temporalidades se reactivan, generando un nuevo espacio expandido que solo existe en la memoria, en su cualidad transitiva, en su forma de permanecer sin fijarse –y sin fiarse– nunca del todo.