La ciudad inexistente es un proyecto de investigación especulativa que explora el espacio urbano a través de una aproximación transdiciplinar. En la intersección entre la cartografía crítica, la grabación de campo y la performance, propone una mirada sensitiva sobre la ciudad, lejos de sus representaciones oficiales. Frente a una tradición modernista que privilegia la visión como forma de control y conocimiento, este proyecto reivindica particularmente el sonido como territorio –fluido, afectivo, inestable– para pensar y habitar lo urbano desde sus márgenes. La arquitectura separa y el sonido conecta: atraviesa muros, activa memorias, une cuerpos, revela tensiones latentes. Inspirado en la noción de “lo tercero” –lo relacional, lo intersticial, lo emergente– La ciudad inexistente se adentra en espacios residuales, temporalidades enmarañadas y paisajes ocultos, donde la ciudad desborda sus propias narrativas. La ciudad inexistente es un proyecto impulsado por Pablo Elinbaum.



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ORQUESTA DESVIO






Orquesta Desvío


2 y 9 de agosto de 2025, Buenos Aires

Orquesta Desvío en cheLA

Orquesta Desv
ío en Bandcamp


La Orquesta Desvío no es simplemente un ensamble de improvisación libre. Es un experimento social en tiempo real, un dispositivo colectivo que investiga, colapsa, resiste y reinventa los modos de hacer, pensar y habitar el sonido. No hay directores, no hay jerarquías estables: hay una veintena de personas que, desde la horizontalidad, componen un organismo de movimiento mutante.

Acá la improvisación no es una técnica ni un estilo, sino un método vital. La orquesta se construye como un campo de tensión permanente entre expectativas contrastantes: entre quienes conciben la improvisación como diálogo, como escucha afín, y quienes la entienden como interrupción, como gesto radical que niega toda forma previa. Entre quienes exploran los lenguajes y gestos codificados de la música y quienes los rechazan de plano, desconfiando de toda armonía, de todo ritmo regular, de todo lo establecido y automatizado.

Esa tensión no se resuelve. Es, de hecho, el núcleo mismo del proyecto. La Orquesta Desvío funciona al borde: del caos, del exceso, de la fragmentación. Produce intensidad, información, divergencia. Se alimenta de su propia heterogeneidad: de trayectorias, saberes, instrumentos, tecnologías y opiniones que no buscan converger, sino coexistir. Es una máquina de disenso donde la crítica no es algo externo, sino el modo mismo de estar juntos. No hay consenso ni síntesis, sino fricción productiva.

Improvisar, para esta orquesta, es improvisar las reglas mismas. Y ese proceso no se da sin conflicto. Se discute, se insiste, se interrumpe, se vuelve a empezar. Pero ese “estar al borde” no paraliza: al contrario, lo que emerge es un modo de relación, una práctica radical de presencia. No se trata de concretar la obra, la forma acabada, la trascendencia del producto. Se trata de sostener el vínculo, de afinar –no los instrumentos–, sino las frecuencias entre cuerpos. Cada integrante encuentra su lugar, su pulso, su límite, en diálogo con los otros. Y desde ahí, tensa, práctica y arriesga –y, probablemente– falle y vuelva a empezar.

La orquesta produce espacio: físico, sonoro, político. Se inscribe en el nodo TaPeTe de cheLA como quien ocupa, como quien rehace un lugar desde la reiteración y la diferencia. Cada ensayo es una colonización iterativa del espacio arquitectónico. Pero aquí la repetición no busca la perfección ni la destreza profesional. Todo lo contrario: cada gesto abre una nueva incertidumbre. Se resiste al espectáculo, al aplauso fácil, a la expectativa del público entrenado. No venimos a cumplir con nada. No sabemos cómo termina. Ni cuándo.

Tener pocas certezas es nuestra única estrategia. Seguridad, poca; la justa. Confianza, sí: en el colectivo, en la horizontalidad, en la potencia de no delegar la acción al saber acumulado. La inmanencia es nuestro suelo. El sonido no nos pertenece: ya estaba antes, seguirá después. Nosotros lo habitamos apenas por un instante, sin pretensión de fijarlo como obra. Pero en ese tránsito, en ese desvío, construimos un mundo.