Fricciones y Pulsos es una performance sonora realizada en las naves vacías de una antigua fábrica de amianto en Buenos Aires. La propuesta construyó un paisaje industrial ad hoc, ensamblando ruidos sampleados de engranajes acústicos, fricciones y pulsos eléctricos en una evocación maquinista que operó como exorcismo sonoro. Más que representar, la obra activó una escucha especulativa: una arqueología del ruido que reanimó la auralidad suspendida del lugar. La experiencia quedó registrada en el album Música muscular.